El 60 % de los adultos estadounidenses tiene hoy una opinión desfavorable de Israel, según encuestas recientes. Esta caída de apoyo ocurre en plena escalada entre Tel Aviv y Teherán, con Estados Unidos como árbitro forzado. La tensión entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu ya no es diplomática: es pública, verbal y estratégicamente fracturante.
¿Qué ha roto la alianza estratégica entre EE.UU. e Israel en 2026?
La ruptura no es reciente, pero se ha agudizado tras el ataque israelí a Irán el 28 de febrero de 2026, lanzado sin coordinación previa con Washington. Trump lo calificó como una decisión unilateral peligrosa, que socavó meses de negociaciones secretas con Teherán.
El presidente estadounidense no ocultó su enfado. En una llamada grabada filtrada, le dijo a Netanyahu: “Estás jodidamente loco”. La frase no fue retórica: reflejó un desacoplamiento operativo real en la política exterior.
El giro del discurso público
Hasta 2025, Trump y Netanyahu mantenían una narrativa común: seguridad israelí = interés estadounidense. Hoy, esa ecuación se ha roto. El discurso de Trump se centra en desescalada regional, mientras Netanyahu insiste en la doctrina de la ofensiva preventiva.
Esto ha generado confusión en el Congreso, donde republicanos y demócratas exigen transparencia sobre los límites de la cooperación militar.
¿Por qué la opinión pública estadounidense rechaza ahora a Israel?
El rechazo no es cultural ni histórico. Es contextual y acumulativo: 100 días de guerra abierta contra Irán, ataques en Líbano, y una cobertura mediática que vincula a Israel con violaciones del derecho internacional humanitario.
Además, el impacto económico es tangible. Las sanciones secundarias impuestas por Washington a empresas que apoyan la logística israelí han afectado a exportadores de Texas y Ohio. Los precios del petróleo subieron un 18 % tras los ataques del 10 de mayo.
El efecto generacional
El 72 % de los estadounidenses menores de 35 años considera que Israel “no respeta los derechos humanos”, según Pew Research (abril 2026). Este dato explica el giro en el discurso de los medios y la presión sobre los legisladores para revisar la ayuda militar anual de 3.800 millones de dólares.
¿Qué dice el marco legal sobre la cooperación militar EE.UU.-Israel?
La Ley de Asistencia para la Seguridad de Israel de 2016 sigue vigente, pero su aplicación está bajo revisión. El Departamento de Estado ha activado el mecanismo de revisión de cumplimiento por primera vez desde su creación.
Esto implica que cualquier transferencia de armas avanzadas —como los misiles JDAM-ER o los sistemas Iron Dome actualizados— requiere una evaluación caso por caso sobre su uso en zonas civiles.
El papel del Congreso
La Cámara de Representantes aprobó en mayo una enmienda que condiciona el 20 % de la ayuda a la presentación de informes mensuales sobre bajas civiles verificables en Líbano e Irán. No es una sanción, pero sí un cambio de paradigma legal: la ayuda ya no es automática.
¿Qué implica esta fractura para el equilibrio regional?
La desconexión entre Washington y Tel Aviv ha abierto un vacío que están llenando otros actores: Arabia Saudí acelera su programa de defensa antimisiles con apoyo chino; la UE impulsa una misión de observación independiente en el Líbano; y Rusia ha reforzado su presencia en Siria bajo el pretexto de “estabilidad”.
Esto no es solo geopolítica: es un riesgo sistémico. Sin coordinación entre los dos principales aliados, las respuestas a ataques cibernéticos, ataques con drones o incidentes en el Golfo Pérsico carecen de coherencia.
Datos Clave
- El 60 % de los adultos estadounidenses tiene una opinión desfavorable de Israel (Gallup, junio 2026).
- Los ataques israelíes en Irán y Líbano han generado 127 denuncias ante la Corte Penal Internacional.
- La ayuda militar estadounidense a Israel representa el 57 % del total de su presupuesto de defensa anual.
- El Departamento de Estado ha retrasado 4 de 7 licencias de exportación de armas a Israel desde marzo de 2026.
- El índice de confianza en Netanyahu entre los judíos estadounidenses cayó del 68 % al 39 % en 18 meses.
La relación Trump-Netanyahu ya no es un eje de poder. Es un punto de fricción estratégica con consecuencias reales: económicas, legales y de seguridad regional. Su evolución definirá si el Medio Oriente entra en una fase de contención multilateral… o en una nueva era de fragmentación aliancista.
