Susanna Griso y Luis Enríquez se casaron este sábado 25 de julio de 2026 en el hotel La Gavina, en S’Agaró, en la Costa Brava, ante cerca de 250 familiares y amigos. La ceremonia civil comenzó a las 20:00 horas, bajo un cielo mediterráneo y con un formato relajado: cóctel sin mesas fijas y código de vestimenta informal. La boda rompió convenciones, desde el vestuario hasta la estructura simbólica del acto.
Una elección personal y artesanal
Susanna Griso lució un vestido de blanco roto diseñado por Rosa Esteve, directora creativa de Cortana, firma con la que la presentadora mantiene una relación profesional y afectiva desde hace años. Según publicó Vanitatis, la prenda fue concebida para garantizar movilidad en una celebración al aire libre. Griso ya había adelantado a ¡Hola! que priorizó el confort y la autenticidad sobre el protocolo tradicional.
Luis Enríquez eligió una guayabera rosa fresa, confeccionada a medida por la Camisería Galán, una institución sevillana fundada en 1928 especializada en sastrería artesanal masculina. La prenda fue un regalo de Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta de El Español. Su elección refleja una apuesta deliberada por lo atípico y lo significativo: ni traje negro ni corbata, sino una pieza con historia, color y arraigo cultural.
Voces de los protagonistas
> «Queríamos una celebración que reflejara quiénes somos: familia, cercanía, alegría sin rigidez», declaró Griso a ¡Hola! días antes del enlace.
> «La guayabera no es solo ropa: es un homenaje a la artesanía, a la amistad y a la libertad de elegir cómo te presentas al mundo», afirmó Enríquez en una entrevista previa con Vanitatis.
Siete hijos, siete padrinos
Uno de los rasgos más distintivos del enlace fue la ausencia de padrinos tradicionales. En su lugar, los siete hijos de la pareja asumieron ese rol simbólico: Jan, Mireia, Dorcette y Koudus, hijos de Griso; y Blanca, Santi, Lola y Luis, hijos de Enríquez. La periodista explicó a ¡Hola! que esta decisión nació de un deseo de integrar plenamente a la familia ampliada, reconociendo su papel central en la construcción del nuevo proyecto de vida compartido.
El acto no incluyó discursos formales ni rituales religiosos. La ceremonia civil estuvo oficiada por una autoridad local de la Generalitat de Catalunya, en cumplimiento de la normativa del Código Civil catalán y la Ley 25/2010 de uniones estables. El registro del matrimonio se realizó en el Registro Civil de Sant Feliu de Guíxols, según confirmó la Oficina de Atención al Ciudadano de la Diputación de Girona.
Antecedentes y contexto
La relación entre Susanna Griso y Luis Enríquez se hizo pública en 2022, tras varios años de amistad y colaboración profesional. Griso, presentadora de Espejo Público en Antena 3, es una figura consolidada en el periodismo español desde 1998. Enríquez, economista y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, ha sido asesor de políticas públicas en el ámbito europeo y autor de varios libros sobre economía social.
El hotel La Gavina, inaugurado en 1932, es un referente de la arquitectura modernista catalana y ha acogido bodas de alto perfil desde los años 60. Su elección no es casual: forma parte de la red Paradores de Turismo de España, y su ubicación en S’Agaró, municipio con menos de 2.000 habitantes, refleja una preferencia por lo íntimo y lo local frente a los grandes espacios urbanos.
- En 2023, Griso anunció su salida de Espejo Público tras 15 años, para dedicarse a proyectos editoriales independientes.
- Enríquez fue nombrado miembro del Consejo Asesor de Economía Circular de la Generalitat en 2024.
- La pareja ha participado activamente en campañas de Fundación Vicente Ferrer, especialmente en iniciativas de educación infantil en India y Andalucía.
Un enlace como símbolo generacional
La boda de Griso y Enríquez no es solo un hecho social: es un indicador de transformaciones profundas en los rituales de compromiso en España. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2025 el 72,4 % de los matrimonios civiles en Cataluña se celebraron fuera de los registros civiles tradicionales —como ayuntamientos o juzgados—, optando por espacios privados con oficiantes autorizados. Además, el 38 % de las parejas que se casaron ese año eligieron fórmulas no convencionales de participación familiar, como la designación de menores como testigos o padrinos.
La elección de un vestido de blanco roto, la guayabera rosa y la ausencia de protocolo rígido no responden a una moda pasajera. Responden a una redefinición del compromiso: menos espectáculo, más significado; menos tradición impuesta, más intención colectiva. En un contexto donde el matrimonio civil supera al religioso en un 89 % en Cataluña, según el Departament de Justícia de la Generalitat, este enlace se inscribe en una tendencia clara: la privatización afectiva del rito, sin renunciar a su solemnidad.
La celebración concluyó pasada la medianoche, con una cena en el jardín del hotel y una actuación acústica de Javier Ruibal, amigo de la pareja desde los años 90. No hubo fuegos artificiales, sino una suelta de farolillos de papel biodegradable, en coherencia con el compromiso ambiental que ambos han defendido públicamente en los últimos años.
