La historia de Mikel Zabalza es un recordatorio doloroso de las heridas abiertas que dejó la violencia en España. Su detención por parte de la Guardia Civil en 1985 y su posterior muerte tras ser torturado ha marcado a su familia y a la sociedad en general. A medida que se cumplen 40 años de su trágico final, su hermana Idoia Zabalza comparte su lucha por la verdad y la justicia, un camino que ha estado lleno de obstáculos y silencios.
La familia Zabalza ha vivido en un constante estado de duelo y búsqueda de respuestas. Idoia recuerda cómo su madre, Garbiñe Garate, fue despachada en el cuartel de Intxaurrondo con la fría respuesta de que debía acudir a objetos perdidos para encontrar a su hijo. Este desprecio inicial se ha convertido en un símbolo del sufrimiento que ha acompañado a la familia durante cuatro décadas. «Aún falta que un alto cargo policial nos diga que nunca debieron matar a Mikel», expresa Idoia, reflejando el anhelo de reconocimiento y justicia que aún persiste.
La reciente iniciativa ‘Zabalza 40 urte gogoan’, que incluye una gira en autobús y una exposición en Donostia, ha traído un rayo de esperanza a la familia. «Estamos agradecidos y sorprendidos de que 40 años después todavía haya una iniciativa de este tipo», dice Idoia. Este homenaje no solo busca recordar a Mikel, sino también mantener viva la memoria de aquellos que han sufrido en silencio. La familia ha sentido el apoyo de los compañeros de trabajo de Mikel y de muchas personas que han estado a su lado en este camino.
Sin embargo, el dolor de la pérdida sigue presente. Idoia describe la sensación agridulce que acompaña a estos días conmemorativos. «No lo llevamos peor que entonces, pero siempre hay algo que compensa en parte, y es que han pasado 40 años y todavía la memoria de Mikel permanece», señala. La lucha por la verdad judicial sigue siendo un tema candente. Aunque la familia ha logrado que se reconozca que Mikel sufrió torturas y murió en el cuartel de Intxaurrondo, la falta de justicia formal sigue siendo una herida abierta.
El caso de Mikel Zabalza fue archivado judicialmente, y la familia se enfrenta a la dura realidad de que no hay pruebas suficientes para reabrirlo. A pesar de que se han presentado nuevos testimonios y evidencias, como los audios que revelan la complicidad de altos mandos de la Guardia Civil, el camino hacia la justicia sigue bloqueado. «Nos gustaría que hubiera una posibilidad de reapertura, pero no tenemos ninguna evidencia que podamos presentar», lamenta Idoia.
La reciente solicitud del PNV y EH Bildu al Gobierno para la desclasificación de documentos relacionados con el caso de Mikel podría ser una vía para avanzar. Sin embargo, la familia ha aprendido a ser cautelosa. «No tenemos constancia de que vaya a haber algún movimiento favorable», reconoce Idoia, quien ha visto cómo las promesas de justicia a menudo se desvanecen en el aire.
A lo largo de estos años, la familia ha recibido reconocimientos por parte de los gobiernos vasco y navarro, que han declarado a Mikel como víctima de violencia policial. Sin embargo, Idoia siente que aún falta algo esencial: el reconocimiento humano de que lo que ocurrió fue un error. «Nos falta que alguien que en ese momento tenía responsabilidad política o un cargo alto en las fuerzas de Seguridad nos dijese que aquello estuvo muy mal, que no debió pasar», expresa con un tono de profunda tristeza.
La memoria de Mikel también se ha transmitido a las nuevas generaciones, aunque no siempre de la manera que la familia desearía. Idoia comparte que, a pesar de que su hija y sobrinos conocen la historia, no se ha hablado abiertamente en casa. «Pensábamos que hablábamos, pero, seguramente por protegerles, no decíamos más que lo que ya era público», reflexiona. Este silencio ha dejado una huella en la familia, que ahora intenta abrir un diálogo sobre el pasado.
La relación entre Idoia y Mikel era cercana. Como hermana mayor, él era un pilar en la vida de sus hermanos. «Siempre estábamos esperando que llegara a casa. Era muy protector de todos nosotros», recuerda Idoia. La última vez que lo vio, no imaginaba que sería la última. La angustia de no saber lo que le ocurrió durante su detención es un peso que la familia ha llevado durante años. «Creemos que debió morir esa misma noche, a pocas horas de la detención», dice Idoia, quien ha escuchado relatos desgarradores de aquellos que estuvieron cerca de Mikel en sus últimos momentos.
La historia de Mikel Zabalza es un testimonio de la lucha por la verdad y la justicia en un contexto de violencia y represión. A medida que la familia continúa su búsqueda, su historia resuena con la de muchas otras víctimas que han sufrido en silencio. La memoria de Mikel no solo es un recordatorio de lo que se ha perdido, sino también un llamado a la acción para que la sociedad no olvide y continúe buscando justicia para todos los que han sido afectados por la violencia.
La familia Zabalza ha encontrado consuelo en el reconocimiento de Mikel como víctima, pero saben que esto no devuelve la vida. «Siempre es un consuelo muy grande que se haya hecho el reconocimiento. Repara mucho…», dice Idoia, quien está decidida a seguir adelante y construir un futuro que honre la memoria de su hermano. La lucha por la verdad y la justicia es un camino largo y difícil, pero la familia Zabalza sigue adelante, con la esperanza de que algún día se haga justicia por Mikel y por todos los que han sufrido en circunstancias similares.
