La reciente muerte de José Manuel Pagoaga Gallastegi, conocido como ‘Peixoto’, ha reavivado el interés por uno de los episodios más oscuros de la historia de ETA. Este exmiembro de la organización terrorista, fallecido en el sur de Francia tras una larga enfermedad, fue una figura clave en la banda desde los años 60 y estuvo implicado en crímenes que aún permanecen sin resolver. Su vida y acciones reflejan un periodo turbulento en la historia de España, marcado por la violencia y el sufrimiento.
### La trayectoria de ‘Peixoto’ en ETA
Nacido en Arrasate, ‘Peixoto’ se unió a ETA en una época en la que la organización estaba en pleno auge. Desde sus inicios, se destacó por su compromiso con la causa, participando en diversas actividades que buscaban la independencia del País Vasco. Sin embargo, su carrera en la banda no estuvo exenta de controversias. En 1979, sufrió un atentado perpetrado por el Batallón Vasco Español, un grupo paramilitar que se oponía a ETA. Este ataque le costó la visión de un ojo y marcó un punto de inflexión en su vida, llevándolo a una vida más pública en Francia.
A pesar de sus heridas, ‘Peixoto’ continuó activo en la política y en la defensa de los derechos de los refugiados vascos. En 1987, se presentó como candidato al Parlamento Europeo por la coalición Herri Batasuna (HB), lo que demuestra su deseo de seguir influyendo en la política vasca, incluso después de su implicación en actos violentos.
Uno de los episodios más notorios de su carrera fue su participación en el secuestro, tortura y asesinato de tres jóvenes gallegos en 1973. José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga fueron confundidos con agentes de la policía y desaparecieron tras ser capturados por miembros de ETA. A pesar de los años transcurridos, sus cuerpos nunca fueron encontrados, y las familias de las víctimas han clamado por justicia sin éxito. Testimonios de infiltrados en la organización, como Mikel Lejarza, han señalado a ‘Peixoto’ como uno de los responsables de estos crímenes atroces, lo que añade un peso aún mayor a su legado.
### La memoria de las víctimas y el silencio de la izquierda abertzale
La desaparición de los tres jóvenes gallegos es un recordatorio doloroso de los efectos devastadores del terrorismo en la sociedad. A lo largo de los años, ha habido múltiples llamados a la izquierda abertzale para que colabore en la búsqueda de la verdad sobre lo sucedido, pero estos han caído en oídos sordos. En 1973, en el 50 aniversario del crimen, Coral Rodríguez Fouz, sobrina de una de las víctimas, hizo un llamamiento público para que los implicados revelaran la ubicación de los cuerpos. Sin embargo, la respuesta fue nula, lo que ha dejado a las familias en un estado de incertidumbre y dolor perpetuo.
El silencio de la izquierda abertzale sobre estos crímenes ha sido objeto de críticas. Muchos consideran que la falta de reconocimiento y arrepentimiento por parte de aquellos que apoyaron a ETA ha contribuido a la perpetuación del sufrimiento de las víctimas y sus familias. La frase atribuida a ‘Peixoto’, «Se necesita sangre y tiempo para hacer un pueblo», resuena como un eco de la ideología violenta que caracterizó a ETA y que aún persiste en algunos sectores de la sociedad vasca.
El homenaje que Arnaldo Otegi, líder de la izquierda abertzale, rindió a ‘Peixoto’ tras su muerte ha generado controversia y ha reabierto viejas heridas. Otegi agradeció a ‘Peixoto’ por su supuesta dedicación a la causa y su amor por la patria, lo que ha sido interpretado por muchos como una glorificación de la violencia y un desprecio por las víctimas del terrorismo. Este tipo de homenajes solo sirve para avivar el debate sobre la reconciliación en el País Vasco y la necesidad de abordar el pasado de manera honesta y abierta.
La historia de ‘Peixoto’ y su implicación en crímenes atroces es un recordatorio de que el terrorismo no solo causa daño a las víctimas directas, sino que también deja cicatrices profundas en la sociedad. La búsqueda de justicia y verdad es un camino largo y complicado, pero es esencial para sanar las heridas del pasado y construir un futuro en el que la violencia no tenga cabida.
La muerte de ‘Peixoto’ puede marcar el final de una era para algunos, pero para las familias de las víctimas, es un recordatorio de que la lucha por la verdad y la justicia continúa. La memoria de aquellos que sufrieron a causa de su violencia debe ser honrada, y la sociedad debe trabajar unida para asegurarse de que tales atrocidades no se repitan en el futuro. La historia de ETA y sus miembros, como ‘Peixoto’, es una lección que no debe ser olvidada, y es responsabilidad de todos garantizar que la memoria de las víctimas prevalezca sobre la glorificación de la violencia.
