En el contexto de la violencia terrorista que marcó a España durante las décadas de los 80 y 90, un grupo de jóvenes decidió alzar la voz de una manera inusual: a través del silencio. Este acto de resistencia pacífica dio origen a Gesto por la Paz, un movimiento que se convirtió en un símbolo de la lucha contra la violencia y la búsqueda de la paz en el País Vasco. A medida que se conmemoran 40 años desde su primera concentración, es fundamental recordar cómo surgió esta iniciativa y el impacto que tuvo en la sociedad.
La primera concentración de Gesto por la Paz tuvo lugar el 26 de noviembre de 1985, en la Plaza Circular de Bilbao. En un momento en que la violencia era una constante en la vida cotidiana, un grupo de jóvenes, entre ellos Jon Ander Zarate, decidió que era hora de actuar. «Había un caldo de cultivo en la sociedad. Cada dos por tres había muertes y asesinatos. Mucha gente empezamos a decir que aquello no podía ser, que había que hacer algo», recuerda Zarate. La idea era simple: una concentración de quince minutos en silencio, en respuesta a cualquier muerte violenta. Este acto buscaba interpelar a la sociedad y a sí mismos sobre su posición ante la violencia.
### La Evolución de un Movimiento
Desde su inicio, Gesto por la Paz creció rápidamente. En su primer año, el movimiento logró reunir a unas 200 personas en su primera concentración, y a partir de ahí, el número de participantes y concentraciones no dejó de aumentar. En su apogeo, Gesto contaba con 175 grupos activos y llegó a organizar hasta 206 concentraciones simultáneas en el País Vasco y Navarra. La fuerza del movimiento radicaba en su capacidad para unir a personas de diferentes orígenes y creencias en torno a un objetivo común: la paz.
Imanol Zubero, otro de los pioneros, recuerda cómo el movimiento se fue consolidando. «No buscábamos la foto masiva, sino interpelar al vecino y llegar a todos los sitios que fuera posible», explica. La idea de que el silencio podía ser una forma poderosa de protesta resonó en muchos, y así, Gesto por la Paz se convirtió en un referente en la lucha contra la violencia. Las concentraciones se realizaban en diferentes localidades, y cada vez más personas se unían a la causa, creando un efecto dominó que extendió el mensaje de paz a todos los rincones de la sociedad vasca.
Sin embargo, el camino no fue fácil. A lo largo de los años, Gesto enfrentó una fuerte oposición, especialmente de sectores que defendían la violencia como medio para alcanzar objetivos políticos. Itziar Aspuru, una de las voces más visibles del movimiento, recuerda las agresiones y la hostilidad que enfrentaron en algunas de sus concentraciones. «La oposición es anterior. En especial cuando nos manifestamos por la muerte de Josu Muguruza», señala. A pesar de estos desafíos, el movimiento se mantuvo firme en su compromiso de condenar la violencia, sin importar de dónde viniera.
### Un Legado de Esperanza
El impacto de Gesto por la Paz en la sociedad vasca fue significativo. A medida que el movimiento crecía, también lo hacía el apoyo social hacia la paz. «Cada vez movilizábamos a más personas y el apoyo social era clave para matar», afirma Aspuru. Este apoyo se tradujo en un cambio en la percepción de la violencia en la sociedad, y aunque el camino hacia la paz fue largo y complicado, Gesto logró posicionar la necesidad de un diálogo y una resolución pacífica de los conflictos.
La última concentración de Gesto por la Paz se llevó a cabo en 2010, tras el asesinato del gendarme Jean-Serge Nerin. En 2013, el movimiento se disolvió, pero su legado perdura. A lo largo de sus 28 años de existencia, Gesto por la Paz logró visibilizar el sufrimiento causado por la violencia y promover un mensaje de esperanza y reconciliación. «Aquellos 15 minutos de silencio y aquella sensación de estar donde tenías que estar son recuerdos imborrables», reflexiona Jon Ander Zarate.
El movimiento no solo fue un acto de resistencia, sino también una escuela de vida para muchos de sus participantes. Aprendieron a dialogar entre diferentes, a construir consensos y a trabajar juntos por un objetivo común. A pesar de las diferencias, Gesto por la Paz demostró que es posible encontrar un camino hacia la paz, incluso en los momentos más oscuros.
Hoy, al recordar la historia de Gesto por la Paz, es esencial reconocer el valor de aquellos que se atrevieron a alzar la voz en un contexto de violencia y miedo. Su legado sigue siendo relevante, no solo en el País Vasco, sino en todo el mundo, donde la búsqueda de la paz y la justicia continúa siendo un desafío. La historia de Gesto por la Paz es un recordatorio de que el silencio puede ser una forma poderosa de resistencia y que, a través de la unidad y el compromiso, es posible construir un futuro más pacífico.