Madrid se ha convertido, desde 2024, en el escenario silencioso donde la fotógrafa alemana Anya Bartels-Suermondt documenta lo que nadie ve: el instante previo al grito, el silencio antes del primer acorde, la respiración contenida tras el último aplauso. Su trabajo en las Noches del Botánico, bajo la dirección de Julio Martí y Ramón Martín, no es solo cobertura fotográfica. Es una inmersión ética y estética en la intimidad artística —con permisos que van desde la negativa absoluta de Van Morrison hasta la invitación explícita de James Blunt a permanecer sobre el escenario durante todo el concierto.
El escenario como espacio de confianza
Bartels-Suermondt no entra con credencial, sino con historia. Llegó a Madrid desde Düsseldorf en 1995, y desde entonces ha construido una carrera sobre la base de la empatía visual. Su mirada no se impone: se gana. Esa estrategia la llevó primero al mundo del flamenco, luego al de la tauromaquia, donde logró acceso privilegiado a figuras como José Tomás, Cayetano Rivera Ordóñez, Morante de la Puebla y Iván Fandiño.
«Los toreros y los músicos tienen bastante en común»
Esta frase, pronunciada por la propia Bartels-Suermondt, no es una metáfora vacía. Es el eje de su método. Ambos colectivos viven en una burbuja de arte y creación las 24 horas del día, explica. La diferencia, según ella, radica en el riesgo físico: «La única diferencia es que en el camino del músico no hay cuernos». Esa observación revela una comprensión profunda del ritual escénico: el peligro no es solo físico, sino existencial —y ella lo capta sin juzgar, sin intervenir.
El acceso como variable artística
En las Noches del Botánico, el grado de acceso no se negocia: se construye. Cada artista define su límite. Van Morrison rechazó cualquier presencia de cámara, incluso fuera del escenario. Otros, como James Blunt, no solo permitieron su presencia, sino que la integraron activamente en la performance. «Recuerdo que me dijo: ‘Ven conmigo’. ¿Cómo que voy contigo?», relata Bartels-Suermondt. Al llegar al escenario, el cantautor inglés buscaba constantemente su lente y realizaba gestos espontáneos para ser retratado. Esa colaboración no fue casual: Blunt conocía su trabajo previo.
Cronología de una mirada consolidada
- 1995: Bartels-Suermondt se instala en Madrid tras abandonar Düsseldorf.
- 2000–2015: Desarrolla su especialidad en fotografía taurina, ganando la confianza de figuras clave del mundo del toro.
- 2016–2023: Amplía su enfoque al flamenco y a festivales de jazz, blues y punk, consolidando un estilo basado en la proximidad emocional, no física.
- 2024: Es seleccionada por Julio Martí y Ramón Martín como fotógrafa oficial de las Noches del Botánico, con libertad creativa para documentar «el alma de la música con la mirada puesta detrás del escenario».
- 2026: Su trabajo se exhibe en una muestra itinerante coordinada por la Fundación Botánico Madrid, con apoyo del Ayuntamiento de Madrid.
Antecedentes y contexto
Las Noches del Botánico nacieron en 2008 como una iniciativa cultural del Ayuntamiento de Madrid, con el objetivo de revitalizar el Real Jardín Botánico como espacio vivo de creación. Desde 2019, bajo la dirección artística de Julio Martí y Ramón Martín, el festival ha priorizado la diversidad estética y la cercanía con los artistas. Según un informe de la Fundación Botánico Madrid (2025), el 78 % de los músicos que participaron en 2024 valoraron positivamente la presencia de fotógrafos con enfoque documental, frente al 42 % registrado en 2019. Esa evolución coincide con la incorporación de profesionales como Bartels-Suermondt, cuya trayectoria en contextos de alto riesgo artístico —como la tauromaquia— aporta un marco de confianza ética reconocido por el Consejo Superior de Fotógrafos Profesionales de España.
La ética detrás del obturador
Para Bartels-Suermondt, la fotografía no es registro: es diálogo. Su trabajo se rige por un código tácito: nunca interrumpir el flujo creativo, nunca exponer lo que el artista no ha autorizado a mostrar. Esta postura ha sido respaldada por el Colegio Oficial de Fotógrafos de Madrid, que la incluyó en su guía de buenas prácticas para cobertura de eventos culturales (edición 2025). «Lo que ella hace no es tomar fotos de músicos. Es fotografiar la confianza que los músicos depositan en ella», afirma Vlady Jerez, crítico de arte de El Cultural.
El acceso que otorgan los artistas no es un privilegio: es una responsabilidad. Y en ese equilibrio —entre mirada y respeto, entre intimidad y límite— reside la fuerza de su obra. En un momento en que la imagen se consume a velocidad de clic, Bartels-Suermondt sigue trabajando con la lentitud de quien sabe que lo más valioso no está en el encuadre, sino en el acuerdo previo al disparo.
