Hace 81 años, el ejército estadounidense liberó el campo de concentración y exterminio de Mauthausen, donde murieron cerca de 90.000 personas. Entre ellas, 4.700 republicanos españoles deportados por el régimen nazi. Hoy, la memoria de ese horror enfrenta dos amenazas: la negación sistemática y la indiferencia cotidiana.
¿Por qué la liberación de Mauthausen sigue siendo un hito ético y político?
La liberación no fue solo un acto militar. Fue una decisión ética anticipada. Dwight D. Eisenhower, entonces general de cinco estrellas, ordenó documentar todo: fotos, testimonios, películas. Sabía que la negación del Holocausto surgiría como arma ideológica. Su advertencia sigue vigente: “En algún punto del camino de la historia aparecerá algún bastardo y dirá que esto nunca sucedió”.
Eisenhower no actuó solo. El general George S. Patton, testigo en Ohrdruf, vomitó al ver los cadáveres apilados. Obligó al alcalde local a recorrer el campo. El matrimonio se suicidó al regresar. Esa reacción física ante la barbarie no era debilidad: era la primera evidencia de que el horror excedía lo imaginable.
¿Cómo se construyó la memoria desde la clandestinidad?
En 1962, supervivientes españoles fundaron en secreto la Amical de Mauthausen en el hotel España del Raval, en Barcelona. Lo hicieron bajo la dictadura franquista, donde hablar de los deportados republicanos era peligroso. Su objetivo: preservar los nombres, los testimonios, las huellas de los 7.000 españoles enviados a Mauthausen y sus subcampos.
La Amical no solo archivó. Creó pedagogía. Organizó viajes a Austria. Recogió huellas dactilares de supervivientes como Neus Català, convertidas en esculturas y archivos digitales. Hoy, es una referencia internacional en educación sobre el Holocausto y la represión franquista.
¿Qué representa la desaparición de los últimos testigos directos?
El último superviviente español de Mauthausen, Juan Romero Romero, murió en 2020. Hoy no quedan testigos presenciales. Solo tres personas nacidas en el campo —bebés en 1945— participaron en actos conmemorativos el año pasado. Su presencia simboliza la transición de la memoria vivida a la memoria institucionalizada.
Esta transición no es automática. Requiere políticas públicas, currículos escolares obligatorios y financiación estable. En España, la Ley de Memoria Democrática aún no garantiza la enseñanza sistemática del exilio republicano ni de los campos nazis. La brecha entre ley y práctica sigue abierta.
¿Cuál es el riesgo real hoy: negación o indiferencia?
La negación sigue activa: grupos extremistas difunden teorías conspirativas en redes. Pero el peligro más silencioso es la indiferencia banal. Juan M. Calvo, presidente de la Amical, recuerda una barbacoa al lado del crematorio de Gusen en 2019. El olor a carne quemada mezclado con el recuerdo del horno. No hubo intención de ofender. Hubo ausencia de conciencia.
Este tipo de normalización es más difícil de combatir que la negación explícita. No requiere discurso, solo silencio. Y el silencio, en materia de memoria, es cómplice.
Datos Clave
- Más de 90.000 personas murieron en Mauthausen por hambre, trabajos forzados, tortura y cámaras de gas.
- 7.000 españoles fueron deportados a Mauthausen; 4.700 no regresaron.
- La Amical de Mauthausen se fundó clandestinamente en 1962, bajo la dictadura franquista.
- El último superviviente español, Juan Romero Romero, falleció en 2020.
- En 2024, solo tres personas nacidas en el campo participaron en actos oficiales de conmemoración.
Contexto tridimensional
- Actual: El auge de discursos negacionistas en redes sociales y la instrumentalización política de la memoria.
- Económico: La financiación pública para la educación memorial en España representa menos del 0,02 % del presupuesto educativo anual.
- Legal: La Ley de Memoria Democrática (2022) reconoce a los deportados, pero no obliga su enseñanza en centros educativos ni financia investigaciones específicas sobre los campos nazis y los republicanos.
