El año 2025 ha cerrado con una inflación que se mantiene en un 2,9% en diciembre, cifra que coincide con la registrada en enero del mismo año y que se sitúa casi un punto por encima de la media de la zona euro. Este cierre refleja la dificultad de moderar los precios, especialmente en el sector alimentario, donde la inflación alcanzó un 3% en diciembre, marcando un incremento respecto al mes anterior. Este aumento es significativo, ya que representa la tasa más alta desde julio de 2024. La economista María Jesús Fernández, de Funcas, ha señalado que tanto los alimentos como los servicios no muestran señales de moderación, lo que confirma una tendencia preocupante en la economía española.
La inflación de los alimentos ha sido impulsada principalmente por el aumento en los precios de las legumbres, hortalizas, aceites y grasas. En particular, se han observado subidas notables en productos como los huevos, que han aumentado un 31,3%, la carne de vacuno con un 17,2%, y el café que ha visto un incremento del 16,3%. Por otro lado, el aceite de oliva ha experimentado una caída del 31,6%, aunque sigue siendo un 59% más caro que en enero de 2021, antes de que comenzara la crisis inflacionista. Las razones detrás de estas fluctuaciones son diversas; algunos productos están sujetos a los precios internacionales, como el cacao y el café, mientras que otros se ven afectados por problemas de salud animal, como la gripe aviar que ha impactado en los precios de los huevos y el pollo. Además, la reducción de la cabaña ganadera ha contribuido al aumento en el precio de la carne de vacuno.
A pesar de que los precios de la gasolina han disminuido, lo que ha permitido que la inflación general se mantenga en el 2,9%, la situación sigue siendo tensa. La inflación subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, se ha mantenido estable en un 2,6%. Sin embargo, un factor que ha contribuido a la presión inflacionaria es la nueva tasa municipal de basuras, que ha incrementado el costo de la recogida de residuos en un 30% desde su implementación en septiembre. Este aumento ha sido notable en los últimos meses, reflejando la aplicación de una normativa europea sobre reciclaje que ha llevado a los ayuntamientos a ajustar sus tarifas.
Si se analiza el panorama general del año, la inflación media se ha situado en un 2,7%, solo una décima menos que en el año anterior. Esta resistencia de los precios a moderarse se debe en gran medida a la persistencia de los precios de los alimentos y los servicios. Los precios de los alimentos siguen siendo un desafío, impulsados por el aumento de las cotizaciones en los mercados internacionales y por malas cosechas. Por su parte, los servicios también han visto un aumento en sus precios, impulsados por el crecimiento económico y el aumento de la población.
La diferencia de precios entre España y la zona euro se ha mantenido, lo que complica aún más la posibilidad de alcanzar el objetivo del 2% establecido por el Banco Central Europeo (BCE) para este año. Aunque algunos economistas habían previsto que se podría alcanzar este objetivo en algún momento del año, los datos recientes sugieren que es poco probable que se logre de manera sostenida. Funcas ha proyectado que la inflación media para 2026 se situará en un 2,4%, lo que representa solo tres décimas menos que en 2025, basándose en la falta de señales de moderación en los precios de alimentos y servicios.
La situación actual plantea interrogantes sobre el futuro económico de España y la capacidad del país para controlar la inflación. La combinación de factores internos y externos, como el aumento de los precios internacionales y las condiciones climáticas adversas, están afectando la estabilidad económica. Además, la presión sobre los servicios y la implementación de nuevas tasas municipales complican aún más el panorama. A medida que el país avanza hacia 2026, será crucial observar cómo se desarrollan estos factores y qué medidas se implementan para abordar la inflación persistente que afecta a los consumidores y a la economía en general.
