El 25 de julio de 2026, mientras el mundo seguía los últimos partidos del Mundial de la FIFA en Estados Unidos, en Siria seguían cayendo escombros sobre los barrios destruidos de Jobar, un suburbio de Damasco arrasado durante once años de guerra. Allí, donde no hay estadios ni transmisiones en vivo, el fútbol no es entretenimiento: es memoria, resistencia y ausencia. Siria nunca se ha clasificado para un Mundial. Ni una sola vez en 92 años de historia de la competición.
El fútbol como infraestructura de poder
El Mundial no es solo un torneo: es una red de intereses que se extiende desde los palcos de Doha y Nueva York hasta los campamentos de desplazados en Alepo. Según el investigador Xavier Mas de Xaxàs, autor del dossier La ‘copa del mundo’ que ansían los especuladores se alza sobre las ruinas de Jobar, el fútbol global ha dejado de ser un deporte para convertirse en una infraestructura política y financiera. La FIFA, con sede en Zúrich, administra esta red con autonomía casi soberana, sin rendir cuentas ante parlamentos ni tribunales internacionales.
Voces desde el silencio
«Cuando el árbitro somalí Abdullahi Hassan fue rechazado en el aeropuerto de Nueva York por motivos de seguridad sin justificación legal, ninguna federación protestó públicamente», señala Layla Al-Masri, periodista especializada en deporte y derechos humanos en el Medio Oriente. «Ni la Federación Iraní, ni la Saudí, ni la Emiratí emitieron comunicados. El silencio fue unánime y estratégico».
La repesca que nunca llegó
En 2017, la selección de Siria estuvo a un paso de su primera participación mundialista. Tras superar la fase de grupos en las eliminatorias asiáticas, disputó una repesca contra Australia. Perdió 3-2 en el global. Pero el resultado no fue lo más revelador: fue la logística. Los partidos se jugaron en Malasia, Omán y Jordania, nunca en suelo sirio. La FIFA no autorizó partidos oficiales en territorio nacional desde 2011, alegando riesgos de seguridad. Sin embargo, en 2023, la misma entidad aprobó partidos amistosos de Irak y Líbano en zonas con niveles similares de inestabilidad.
Cronología de exclusión
- 2011: La FIFA suspende los partidos oficiales en Siria tras el estallido del conflicto.
- 2014: La selección juega su primer partido fuera del país en Omán, bajo el amparo de la Federación Asiática de Fútbol (AFC).
- 2018: La repesca contra Australia se traslada a Malasia, tras negarse Emiratos Árabes Unidos y Qatar a ceder sus estadios.
- 2026: La FIFA incluye a Siria en el sorteo de la próxima fase de clasificación, pero sin garantizar sedes ni apoyo logístico para viajes.
Antecedentes y contexto
Siria ha sido escenario de uno de los conflictos más prolongados del siglo XXI. Desde 2011, más de 500.000 personas han muerto, y 13 millones han sido desplazadas, según datos de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). En ese marco, el fútbol sirio no desapareció: se fragmentó. Surgieron ligas paralelas en zonas controladas por el régimen, la oposición armada y grupos no estatales. La FIFA, sin embargo, solo reconoce a la Federación Siria de Fútbol, con sede en Damasco y bajo control del gobierno de Bashar al-Assad.
Este reconocimiento tiene consecuencias legales y éticas. En 2022, la Corte Penal Internacional (CPI) investigó denuncias de uso de estadios como centros de detención. Aunque no hubo sentencias, el informe de la Comisión de Investigación de la ONU sobre Siria señaló que «instalaciones deportivas fueron reconvertidas en espacios de control y castigo».
El espectáculo y las ruinas
Durante la ceremonia de clausura del Mundial 2026 en Los Ángeles, el actor Tom Cruise afirmó que el torneo «había unido al mundo». Sus palabras fueron transmitidas en tiempo real a más de 2.300 millones de espectadores, según datos de FIFA Media. En Jobar, donde el 94 % de las viviendas están destruidas (informe de UN-Habitat, julio 2026), no había señal de televisión ni electricidad estable. Allí, un grupo de jóvenes reconstruye una portería con hierros retorcidos y redes de pesca. No tienen balón oficial, pero sí un nombre: Al-Ittihad Jobar, un club que no figura en ningún registro de la FIFA, ni en la AFC, ni en la Federación Siria.
La FIFA no responde a solicitudes de información sobre su política de inclusión en zonas de conflicto. Su último informe de sostenibilidad, publicado en marzo de 2026, menciona a Siria una sola vez: en una lista de «miembros en proceso de normalización». No aclara qué significa «normalización» ni qué criterios la determinan.
El fútbol sirio no está ausente del Mundial. Está ausente del discurso. Está ausente de los palcos. Está ausente de los contratos de patrocinio. Pero no está ausente de las ruinas. Allí, entre los escombros de Jobar, sigue jugándose. Sin cámaras. Sin patrocinadores. Sin permiso.
