La Guerra Civil Española, un conflicto que dejó huellas imborrables en la historia de España, también fue un escenario donde se forjaron historias de valentía y sacrificio. Entre los muchos personajes que emergieron de este periodo, destaca la figura de José María Latiegi, un gudari que se convirtió en testigo de uno de los momentos más trágicos de la contienda. Su historia, recientemente recuperada a través de documentos inéditos, ofrece una visión profunda de la vida de aquellos que lucharon por la libertad en un contexto de opresión y violencia.
### La Vida de un Gudari en Tiempos de Guerra
José María Latiegi nació en Oñate en 1912 y, como muchos jóvenes de su época, se vio arrastrado a la guerra civil que estalló en 1936. Antes de enrolarse en el Batallón nº 23 de Eusko Gudarostea, Latiegi llevaba una vida tranquila como agente comercial en Donostia. Sin embargo, el estallido del conflicto lo obligó a dejar atrás su vida cotidiana y unirse a la lucha por los ideales democráticos de la República y los derechos de Euskal Herria.
El 5 de diciembre de 1936, Latiegi se unió a su batallón, donde comenzó su servicio en posiciones de guardia en la zona de Arlaban. A medida que la guerra avanzaba, su unidad fue enviada a Asturias para apoyar a los republicanos que se encontraban cercados en Oviedo. Esta decisión marcó el inicio de una serie de eventos que culminarían en uno de los episodios más significativos de la guerra: la ofensiva en Areces, que tuvo lugar entre el 21 y el 23 de febrero de 1937.
La ofensiva asturiana fue un desastre para las tropas vascas, que sufrieron numerosas bajas. A pesar de ello, Latiegi y sus compañeros lograron ocupar Areces y sostener la posición durante casi 48 horas. Sin embargo, el 23 de febrero, la situación se tornó crítica. La falta de munición llevó al batallón Prieto a considerar una retirada, lo que provocó la indignación del comandante Cándido Saseta, quien sabía que sus hombres estaban en peligro.
### El Último Encuentro con el Comandante Saseta
El 23 de febrero de 1937, el caos se desató en el campo de batalla. Saseta, fiel a su costumbre de liderar junto a sus hombres, se acercó a la línea del frente para motivar a sus tropas. En ese momento, un francotirador franquista le alcanzó, y su vida se apagó en el acto. Latiegi, que se encontraba en la retaguardia del repliegue, fue testigo de este trágico suceso.
Al acercarse al cuerpo del comandante, Latiegi se dio cuenta de que aún estaba vivo. En un gesto de humanidad, se arrodilló junto a él mientras Saseta, agonizante, le ordenó: “Zoatz!”. Este último mandato resonó en la mente de Latiegi, quien, ante la inminente llegada del enemigo, tomó la pistola de Saseta y continuó su camino hacia el Nalón. Esa noche, tras cruzar el río, Latiegi comunicó la muerte del comandante a sus superiores y entregó el arma que había tomado.
Los documentos recuperados del Gobierno vasco complementan esta escena desgarradora. Un enlace del Eusko Indarra, registrado como “Lartitegi Arrazola”, informó que encontró al comandante con una herida mortal y que, tras asegurarse de que estaba muerto, tomó su pistola y se retiró. Esta acción no solo subraya la valentía de Latiegi, sino que también ilustra la brutalidad de la guerra y el sacrificio de aquellos que lucharon por sus ideales.
La muerte de Cándido Saseta fue un duro golpe para las fuerzas vascas. En los días siguientes, llegaron mensajes de condolencias de diversas autoridades, destacando la importancia del comandante en la lucha por la libertad. Sin embargo, para Latiegi, la guerra no había terminado. Después de la ofensiva asturiana, continuó combatiendo en diferentes frentes, enfrentándose a la dura realidad de la guerra y sus consecuencias.
### El Destino de los Gudaris Tras la Guerra
La vida de José María Latiegi no se limitó a la guerra. Tras la caída de Santoña, fue capturado y pasó por varios campos de internamiento y batallones de trabajo durante 29 meses. La experiencia en estos lugares fue devastadora, marcando su vida de manera irreversible. A pesar de su buena conducta, Latiegi fue liberado en febrero de 1940, pero al salir del campo, apenas conservaba unas pocas pertenencias.
La historia de Latiegi es un reflejo del destino de muchos gudaris que sobrevivieron a la guerra. Muchos de ellos, como Latiegi, enfrentaron la represión y la persecución bajo el régimen franquista. La figura de Latiegi se erige como un símbolo de resistencia y compromiso con los valores democráticos, representando a aquellos que, a pesar de las adversidades, nunca abandonaron la lucha por la libertad y la justicia.
La reciente recuperación de documentos que narran la vida de Latiegi y su testimonio sobre la muerte de Cándido Saseta es un paso importante para preservar la memoria histórica de la Guerra Civil Española. Estos relatos no solo honran la memoria de los caídos, sino que también sirven como recordatorio de los sacrificios realizados por aquellos que lucharon por un futuro mejor. La historia de José María Latiegi es, sin duda, un capítulo significativo en la narrativa de la lucha por la libertad en Euskal Herria y en toda España.
