La acería Celsa, una de las principales industrias pesadas de España, ha estado en el centro de atención desde que Rafael Villaseca asumió su dirección hace dos años. Su llegada a la compañía se produjo en un momento crítico, tras la decisión judicial que despojó a la familia Rubiralta de la propiedad, entregando la empresa a un grupo de fondos internacionales que se convirtieron en los nuevos acreedores. Con un objetivo claro de sanear la compañía, Villaseca ha liderado un proceso de reestructuración que incluye una inyección de capital de 800 millones de euros, con la esperanza de que Celsa vuelva a ser rentable en 2026.
**Transformación del Accionariado y el Desafío de Encontrar Inversores**
Desde la llegada de los nuevos accionistas, la estructura del capital de Celsa ha cambiado significativamente. Actualmente, los fondos SVP y Attestor controlan cerca del 70% de la compañía, mientras que otros accionistas como Golden Three y CrossOcean completan el panorama, llevando el control total a más del 90%. Este cambio ha planteado interrogantes sobre la posibilidad de atraer a un inversor español, algo que el Gobierno había solicitado. Villaseca ha admitido que, a pesar de los esfuerzos, no se ha podido concretar una inversión local, lo que refleja la escasez de inversores industriales en España.
La búsqueda de un socio español no se ha abandonado por completo, pero las dificultades son evidentes. Villaseca ha señalado que colocar un 20% de la compañía es complicado, ya que la venta de una participación minoritaria no garantiza el control necesario para un inversor. Sin embargo, el presidente de Celsa se muestra optimista respecto al futuro, afirmando que los actuales accionistas no renuncian a la posibilidad de que la empresa vuelva a ser española en algún momento.
La situación financiera de Celsa al momento de la llegada de los nuevos accionistas era alarmante. Con un agujero de 2.700 millones de euros y una deuda total de 3.700 millones, la tarea de sanear la compañía era monumental. Villaseca ha destacado el compromiso de los fondos propietarios, quienes han invertido un total de 900 millones de euros en la empresa, convencidos de que su éxito es fundamental para la rentabilidad del proyecto.
**Estrategias de Saneamiento y Proyecciones Futuras**
El plan de reestructuración de Celsa se ha centrado en dos ejes principales: la reducción del apalancamiento y el aumento de la solvencia. Para lograrlo, se han implementado medidas que incluyen la mejora del resultado operativo bruto (EBITDA) y la reducción del pasivo financiero a través de desinversiones. La ampliación de capital de 200 millones de euros y una emisión de deuda subordinada de 600 millones han sido cruciales para mejorar la situación financiera de la compañía.
Villaseca ha comparado la situación de Celsa con un paciente que ha salido de la UCI y ahora se encuentra en convalecencia. A pesar de que se espera un aumento del EBITDA del 50% para este año, el resultado neto aún se mantendrá en negativo. Sin embargo, el objetivo es claro: alcanzar el punto de equilibrio y, eventualmente, atraer nuevos inversores. Villaseca ha expresado su deseo de que un inversor español se una a la compañía, aunque también ha mencionado la posibilidad de una salida a bolsa en el futuro, aunque no es algo que se esté considerando en este momento.
La reestructuración también ha implicado decisiones difíciles, como la venta de filiales en el Reino Unido y Noruega. Villaseca ha aclarado que el compromiso de no trocear la empresa se refería únicamente a los activos en España, y que la venta de las filiales extranjeras era necesaria para reducir el endeudamiento. Con un enfoque renovado, Celsa está concentrando sus esfuerzos en los mercados español y polaco, buscando estabilizarse y crecer en un entorno económico desafiante.
La situación de Celsa es un reflejo de los desafíos que enfrentan muchas industrias pesadas en Europa, especialmente en un contexto de creciente competencia y cambios en la demanda. La compañía ha tenido que adaptarse a un mercado en constante evolución, y la gestión de Villaseca se ha centrado en asegurar que Celsa no solo sobreviva, sino que también prospere en el futuro. Con un enfoque en la sostenibilidad y la eficiencia, la acería busca posicionarse como un líder en el sector, a pesar de los obstáculos que ha enfrentado en su camino hacia la recuperación.
