Durante las últimas semanas, España ha registrado algunas de las temperaturas más altas del mes de julio desde que hay registros oficiales. En Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia, las temperaturas máximas superaron los 40 °C durante cinco días consecutivos, según datos del Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Las noches tampoco ofrecieron respiro: mínimas superiores a 26 °C en más del 70 % de las capitales andaluzas y mediterráneas. Esta ola de calor extremo ha desencadenado un aumento del 38 % en las consultas por trastornos térmicos en urgencias hospitalarias, según el Sistema Nacional de Salud.
Diferencias clínicas que salvan vidas
El agotamiento por calor y el golpe de calor no son sinónimos. Son dos entidades clínicas distintas, con pronósticos y manejos radicalmente diferentes. Según especialistas del Hospital Clínic Barcelona, el agotamiento es una fase temprana, reversible y caracterizada por sed intensa, sudoración profusa, mareo, náuseas, irritabilidad y febrícula (temperatura entre 37,5 y 38,5 °C). En personas mayores, se suman confusión leve, somnolencia y descompensación de patologías como la hipertensión o la diabetes.
Voces médicas: alerta temprana
> «No esperamos a que la fiebre supere los 40 °C para actuar. Si tras dos horas de reposo en ambiente fresco y rehidratación oral persisten los vómitos o la desorientación, ya es un signo de progresión al golpe de calor», explica la Dra. Elena Rovira, jefa de Medicina de Urgencias del Hospital Clínic Barcelona, en declaraciones del 22 de julio de 2026.
Golpe de calor: colapso sistémico en horas
Cuando el agotamiento no se interrumpe, el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura. La fiebre sobrepasa los 40 °C, aparece confusión aguda, convulsiones, coma y fallo multiorgánico. El riñón, el corazón, el pulmón, el hígado y el cerebro sufren daño isquémico progresivo. Según el Ministerio de Sanidad, el golpe de calor tiene una mortalidad del 25 % si no se trata en menos de 30 minutos desde la pérdida de conciencia.
Cronología crítica
- 15 de julio: Primera alerta roja por calor extremo emitida por AEMET para 12 provincias.
- 18 de julio: El Hospital Universitario La Paz registra 47 ingresos por golpe de calor en 48 horas —el doble que en julio de 2025.
- 21 de julio: El Instituto de Salud Carlos III activa el protocolo de vigilancia epidemiológica por calor extremo.
- 23 de julio: El Sistema de Alertas Tempranas de Salud Pública confirma 12 muertes atribuidas directamente al golpe de calor en siete comunidades autónomas.
Grupos en riesgo: más allá de la edad
Los niños menores de 5 años, las personas mayores de 75 años, quienes padecen enfermedades crónicas (como insuficiencia cardíaca, EPOC o insuficiencia renal) y las personas en situación de dependencia son los más vulnerables. Pero los expertos advierten que el riesgo no es exclusivo: el golpe de calor puede afectar a adultos sanos que realizan esfuerzo físico intenso bajo el sol o en espacios sin ventilación.
Marco legal y responsabilidad institucional
El Real Decreto 486/1997, modificado por la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales, obliga a los empleadores a adoptar medidas de protección frente al calor extremo. Sin embargo, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) denuncia que solo el 42 % de las pymes españolas han actualizado sus protocolos de prevención térmica en 2026.
Antecedentes y contexto
- En 2022, una ola de calor récord causó 4.700 muertes prematuras en España, según el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).
- En 2023, el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) identificó al golpe de calor como una de las cinco emergencias sanitarias prioritarias.
- En 2025, el Sistema Nacional de Salud incorporó la formación obligatoria en reconocimiento temprano del golpe de calor para personal de atención primaria y residencias de mayores.
- En julio de 2026, por primera vez, el Ministerio de Sanidad ha desplegado una campaña nacional con código QR en farmacias, centros de salud y paradas de transporte público para acceder a protocolos de actuación inmediata.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las olas de calor extremo se volverán más frecuentes, intensas y prolongadas en Europa. En España, donde el 22 % de la población supera los 65 años, la capacidad de respuesta ante el golpe de calor ya no es una cuestión clínica aislada: es un indicador de resiliencia social y sanitaria.
