Arantza Arruti Odriozola, una figura emblemática en la historia del nacionalismo vasco y el feminismo, ha fallecido a los 79 años. Su vida estuvo marcada por su compromiso con la lucha por la libertad y la justicia social, siendo una de las primeras mujeres en formar parte de ETA, la organización armada que ha sido un tema controvertido en la historia reciente de España. Nacida en Zarautz en 1946, Arruti se convirtió en un símbolo de la resistencia y la militancia política en un contexto de represión y dictadura.
Desde su juventud, Arruti mostró un fuerte compromiso con la causa abertzale, siendo detenida en 1969 durante el régimen franquista. Su arresto no solo la convirtió en la primera mujer de ETA en ser capturada, sino que también la llevó a ser juzgada en el Proceso de Burgos, un juicio que se convirtió en un símbolo de la lucha contra la opresión del régimen. A pesar de las adversidades, Arruti continuó su activismo político, convirtiéndose en una voz influyente dentro de la izquierda independentista vasca.
### Un Compromiso Inquebrantable con la Izquierda Abertzale
A lo largo de su vida, Arruti mantuvo una conexión constante con la izquierda abertzale, participando activamente en diversas iniciativas políticas. En 1998, se presentó como candidata al Parlamento Vasco por Euskal Herritarrok, una marca electoral de Herri Batasuna, y en 2015 formó parte de la lista de la coalición EH Bildu para las elecciones al Congreso y al Senado. Su participación en estas plataformas reflejó su deseo de seguir luchando por los derechos de los vascos y por la liberación de los presos políticos.
Además de su activismo político, Arruti fue una pionera en la creación de grupos feministas en el País Vasco. En la década de 1980, participó en la fundación de Aizan y KAS Emakumeak, organizaciones que buscaban empoderar a las mujeres y promover la igualdad de género en un contexto donde la lucha feminista aún estaba en sus primeras etapas. Su enfoque integrador de la lucha por la libertad nacional y la igualdad de género la convirtió en una figura respetada y admirada dentro de la comunidad abertzale y más allá.
El legado de Arruti no se limita a su activismo político; también es recordada por su fuerte carácter y su inquebrantable determinación. Su emblemática rosa roja en el pelo se convirtió en un símbolo de su lucha y de su compromiso con la causa. A lo largo de los años, Arruti se mantuvo firme en sus convicciones, defendiendo la necesidad de un cambio social y político en el País Vasco.
### Reconocimiento y Homenajes
La noticia de su fallecimiento ha conmovido a muchos en el País Vasco y más allá. Arnaldo Otegi, secretario general de EH Bildu, expresó su pesar a través de las redes sociales, describiendo a Arruti como una mujer abertzale, de izquierdas, feminista y antifascista. Su mensaje destaca la importancia de su legado y el impacto que tuvo en la lucha por la libertad y la justicia social en el País Vasco.
El reconocimiento de su vida y obra se ha manifestado en múltiples homenajes y tributos, donde se ha resaltado su papel como pionera en la lucha por los derechos de las mujeres y su compromiso con la causa abertzale. La comunidad abertzale ha recordado su valentía y su dedicación, y muchos han compartido anécdotas sobre su influencia en sus vidas y en el movimiento.
Arruti no solo fue una figura clave en la historia de ETA, sino que también representó un cambio en la percepción de la mujer en la política vasca. Su vida es un testimonio de la lucha por la igualdad y la justicia, y su legado perdurará en la memoria colectiva de aquellos que continúan luchando por un futuro mejor para el País Vasco.
La muerte de Arantza Arruti marca el fin de una era, pero su legado como activista, feminista y abertzale seguirá inspirando a futuras generaciones. Su vida es un recordatorio de que la lucha por la libertad y la igualdad es un camino que requiere valentía, determinación y un compromiso inquebrantable con la justicia social.