Madrid, julio de 2026. Durante las Noches del Botánico, el festival de música al aire libre más consolidado de la capital, una fotógrafa alemana ha logrado lo que pocos consiguen: entrar donde ni los técnicos ni los periodistas suelen ser admitidos. Anya Bartels-Suermondt, con más de 30 años de carrera y residencia en la ciudad desde 1995, ha convertido su mirada íntima en un pasaporte privilegiado tras bambalinas —desde el camerino de James Blunt, que la invitó al escenario, hasta la negativa absoluta de Van Morrison, que rechazó su presencia incluso fuera del foco.
El privilegio del acceso total
El acceso de Bartels-Suermondt no es protocolario: es negociado, ganado y, en ocasiones, regalado. «Van Morrison no quería ni ver la cámara», relata la fotógrafa, mientras que otros artistas, como James Blunt, le ofrecieron un lugar inédito: sobre el escenario, durante todo el concierto. «Buscaba constantemente mi cámara y hacía gestos divertidísimos para que los captara», recuerda. Esa confianza no es casual. Blunt conocía su trabajo previo —una producción que incluye retratos de José Tomás, Cayetano Rivera Ordóñez y Morante de la Puebla— y valoró su capacidad de capturar lo no dicho.
La mirada que une toros y notas
«Los toreros y los músicos tienen bastante en común», afirma Bartels-Suermondt. «Viven totalmente inmersos en su burbuja de arte, de creación y de inspiración las 24 horas del día». La diferencia, según ella, es física: «La única diferencia es que en el camino del músico no hay cuernos». Esta analogía no es retórica: su dominio de la fotografía taurina —desde la tensión del tercio de varas hasta el silencio previo a la estocada— le dio las herramientas para leer el cuerpo, el gesto y el instante crítico en un concierto. «No se trata de encuadrar, sino de respirar al ritmo del otro», explica.
La mirada alemana en el corazón de lo tradicional
Nacida en Düsseldorf, Bartels-Suermondt llegó a Madrid en 1995, tras estudiar en la Folkwang Hochschule de Essen. Su formación no era musical, pero sí profundamente visual y antropológica. En la capital, encontró un terreno fértil: una ciudad donde lo tradicional —el flamenco, la tauromaquia— convive con lo experimental. Su primer gran encargo local fue para el Festival de Jerez, donde retrató a Manuel Liébana y Rafaela Carrasco, sin caer en el folclorismo. «No busco lo típico, busco lo verdadero», dice.
Cronología de un acceso ganado
- 1995: Llegada a Madrid tras su formación en Alemania.
- 2003: Primer encargo profesional en tauromaquia, con José Tomás, en la plaza de Las Ventas.
- 2012: Publicación de Burbujas de Arte, libro que reúne retratos de toreros y músicos bajo el mismo lente.
- 2024: Selección oficial como fotógrafa de las Noches del Botánico, tras una propuesta de los directores Julio Martí y Ramón Martín.
- 2026: Ampliación de su rol: ahora documenta no solo los conciertos, sino los ensayos y los momentos previos al show, con autorización expresa de la organización y los artistas.
Antecedentes y contexto
Las Noches del Botánico, fundadas en 1992, son el festival de verano más antiguo de Madrid. Desde 2020, su dirección apostó por una política de transparencia artística: reducir la barrera entre público y creador. En ese marco, la figura del fotógrafo documental dejó de ser meramente ilustrativa para convertirse en testigo privilegiado. La contratación de Bartels-Suermondt en 2024 no fue una excepción, sino una estrategia: su experiencia en contextos de alta tensión —como la plaza de toros— la hacía idónea para capturar la vulnerabilidad escénica sin invasión. Según Julio Martí, codirector del festival, «ella no toma fotos de los músicos, sino con ellos. Eso cambia todo».
El marco legal también juega un papel clave. El Real Decreto 1720/2007, que regula la protección de datos en España, exige autorización expresa para la difusión de imágenes de personas en espacios privados. Bartels-Suermondt firma un acuerdo individual con cada artista: «Nada se publica sin su visto bueno. Ni siquiera los ensayos», aclara. Esta rigurosidad ha generado confianza, algo raro en un sector donde los backstage suelen ser zonas de exclusión absoluta.
La mirada que no se vende
En una era de saturación visual, donde los backstage se convierten en contenido para redes sociales, el trabajo de Bartels-Suermondt resiste la lógica del clic. Sus imágenes no se publican en tiempo real. No hay stories, no hay reels. Su archivo se edita con criterio curatorial: una selección anual que se exhibe en la Sala de Exposiciones del Real Jardín Botánico, bajo el auspicio del CSIC. «La fotografía no es un documento inmediato. Es un diálogo que se construye con el tiempo», afirma.
Según Ramón Martín, su otro codirector, «ella ha cambiado la forma en que entendemos la presencia del artista. No como figura, sino como persona que respira, duda y se prepara». Esa humanización, lejos de la imagen promocional, es lo que ha convertido su trabajo en un referente ético y estético dentro del ecosistema cultural madrileño.
