La psicología infantojuvenil ya no es un recurso de emergencia. Es una herramienta preventiva, continua y colaborativa. Inma Parellada, psicóloga especializada en infancia y adolescencia, ha construido su práctica sobre tres pilares: personalización, seguimiento continuo y trabajo en red. Su modelo responde a una realidad creciente: más niños con necesidades emocionales complejas y menos recursos estructurales en los centros educativos.
¿Por qué el trabajo en red entre familia, escuela y psicólogo es esencial hoy?
Los colegios detectan dificultades emocionales y conductuales antes que nadie. Pero carecen de capacidad para intervenir sin apoyo externo. Los psicólogos clínicos, por su parte, no siempre acceden al contexto real del menor. El vacío entre ambos espacios genera intervenciones incompletas.
La brecha clínico-educativa ya no es un problema aislado
Inma Parellada identificó esta brecha tras más de diez años en orientación escolar. Allí vio cómo los casos de ansiedad, aislamiento o trastornos de la conducta alimentaria se repetían sin una respuesta coordinada. El modelo que diseñó rompe esa fragmentación: el psicólogo no solo atiende al menor, sino que se reúne con tutores, comparte protocolos con equipos de orientación y capacita a familias en estrategias prácticas.
¿Cómo transforma el acompañamiento familiar la eficacia terapéutica?
Pedir ayuda ya no implica estigmatización. Hoy, los padres acuden con mayor conciencia del bienestar emocional como pilar del desarrollo. Pero su demanda no es académica: es afectiva. Quieren saber por qué su hijo se retira, por qué llora sin motivo aparente, por qué rechaza el contacto social.
El cambio no ocurre solo en la consulta
La terapia no termina al cerrarse la puerta del gabinete. Inma Parellada diseña planes de acción para el hogar: rutinas de regulación emocional, pautas de comunicación no violenta, espacios de escucha activa. Cada familia recibe un protocolo adaptado, no un manual genérico. Esto eleva la adherencia y acelera los resultados.
¿Qué impacto tiene este modelo en el sistema educativo español?
La presión sobre los departamentos de orientación ha crecido un 42 % desde 2022 (Informe Anual de la FERE-CECA, 2025). Mientras, el número de psicólogos escolares por centro sigue por debajo del ratio recomendado por la OMS (1:250). El modelo de Parellada no sustituye al orientador, sino que lo potencia: ofrece formación continua, soporte en casos complejos y derivaciones ágiles a atención especializada.
La sostenibilidad del modelo depende de la formación docente
Los docentes no necesitan ser terapeutas. Pero sí requieren herramientas básicas de detección temprana y contención emocional. Parellada imparte talleres en colegios sobre señales de alerta, manejo de crisis en aula y estrategias de inclusión emocional. Esto reduce la sobrecarga y mejora la retención docente.
¿Qué marco legal y económico sostiene esta práctica?
El Real Decreto 217/2022 reconoce la salud mental como eje transversal del currículo. Sin embargo, no asigna financiación específica para la coordinación externa. Los centros que trabajan con profesionales como Parellada lo hacen mediante convenios privados o fondos propios. Esto genera desigualdad: los colegios con más recursos ofrecen mejor acompañamiento psicológico.
Datos Clave
- El 68 % de los menores con trastornos emocionales inician síntomas antes de los 12 años (SENP, 2025).
- Solo el 31 % de los centros educativos españoles cuentan con convenio formal con psicólogos externos.
- Las intervenciones con trabajo en red reducen un 57 % el riesgo de cronicidad en trastornos de ansiedad infantil.
- El tiempo medio de espera para primera cita en servicios públicos de salud mental infantojuvenil supera los 142 días.
- Las familias que participan activamente en el proceso terapéutico duplican la tasa de mejora observable en 3 meses.
La psicología infantojuvenil efectiva no se construye en aislamiento. Se teje entre el consultorio, el aula y el salón de casa. Requiere profesionales con formación clínica y pedagógica, instituciones con voluntad de coordinación y familias con espacio para aprender, no solo para entregar a sus hijos. El futuro de la salud mental infantil no está en más consultas, sino en más puentes.
